domingo, 28 de octubre de 2012

La prisión que me he construido

Hace ya un tiempo que intento abrir mis alas y echar a volar, recorrer el mundo y descubrir el semblante de mis compañeros de viaje que ocupan esta pequeña roca que por la galaxia da tumbos; comer distintos manjares, oler todos los mares y respirar los vicios, peligros, ilusiones y sueños de otras gentes.

Hace tiempo que esta idea me da vueltas por la cabeza e intenta tomar el control de mi destino... Eventualmente, en momentos de debilidad moral lo consigue. En esos momentos una idea romántica florece en mi alma: la de romper con todo, echar el cierre y volar hacia el horizonte con el viento como único guía y las aves vagabundas como compañeras. 

Entonces recuerdo la jaula, noto las cadenas en los tobillos, las esposas en las muñecas y el carcelero guardando la entrada que gritan: Recuerda tu familia, la necesitas; recuerda el amor, te clava al suelo; teme al futuro, es incierto; valora la amistad, es un tesoro; piensa en la fortuna y sus caprichos. Piénsalo, nota que la jaula crece, se embellece y se vuelve agradable, acojedora, tuya...

Y así noto ese plomo, esa bala del 36 atada a mis piernas, esa aguja en la nariz, el frío aliento del mar que se desliza dentro de mi cuerpo. Y esa bonita tumba lapislázuli se abre ante mis ojos, para siempre... Como un árbol clavado en la ladera del precipicio de la vida, liberando hojas de vez en cuando para poder seguir soñando que la libertad existe, que el sueño es posible y que la vida aún no se escribe, ésto es el preámbulo. 

Estas pesadas cadenas estan en mí, yo me las he puesto, yo las llevo con orgullo y busco nuevas ataduras para mi colección. Temo perderlas pues son parte de mí, ellas son mi esencia, mi seguro de vida, mi excusa para no mirar la vida a la cara.

Tengo miedo a despojarme de ellas, a quedarme desnudo, desprotegido, a salir a la calle sin mi armadura, solos yo y la vida, ya sin ningún espejismo, ninguna ilusión.

El deseo de libertad es fuerte, se adueña de mi: ¡Corre! ¡Salta! ¡Rompe las ataduras! Mira al destino a los ojos, juega y pierde, lleva la cabeza alta ante la derrota pues has sido valiente para afrontar el combate solo tú, tu alma y tu fortuna.

Mi locura, al igual que la de la mayoría, suele ser pasajera: me calmo y pienso, recapacito y me enmiendo. La mayor parte del tiempo no soy yo, soy mis cadenas; hierro, acero, plomo, carne y hueso, un sucedáneo de alma, un sueño de vida, una ilusión de felicidad... Pero alma, vida y felicidad en definitiva. Mi jaula es bonita y yo tengo miedo a volar.

jueves, 25 de octubre de 2012

Insomnio en la ciudad

Hace más de un año que vivo en la capital, Barcelona; desde entonces tengo un problema de insomnio: no puedo dormir antes de las 2 de la madrugada. En mi pueblo, al lado del mar, a las 11 de la noche suelo estar en la cama. Así pues, parece lógico pensar que el insomnio no es culpa mía sino de la ciudad.

Hoy he salido a la terraza por la noche y he visto un fenómeno curioso: el cielo nocturno no era negro, era de un color naranja claro que cualquiera podría confundir con la madrugada. Parce que la ciudad no se va a dormir, que siempre está despertando como el Principito en un planeta tan pequeño que puede ver salir el Sol muchas veces al día. En Barcelona hay un amanecer eterno, un continuo despertar... ¿Cómo dormir entonces?

Ya es otoño, el Sol se va a casa antes de lo que debería y convierte así la merienda en un sucedáneo de cena. Pero las ciudades modernas no pueden permitirse el lujo de dejar que un simple astro gobierne su ritmo, así que al oscurecer, las luces anaranjadas de las calles y edificios se proyectan al cielo tendiendo un manto rojo, cual Nilo invertido, haciendo así un día artificial. La ciudad no duerme: despierta continuamente, hora tras hora... Los coches pasan sin parar, la gente grita por las calles y debajo de nuestros pies se extiende una maraña de salas repletas de gritos, baile y bebida que dan una razón al Sol de bombillas artificial para brillar.

Así, los noctámbulos en esta soledad tan multitudinaria que teje la noche de la cuadriculada ciudad levantan esos ojos rojos y cansados al cielo, y para no sentirse tan solos aúllan cual lobos en un eterno grito, rezando para ver los miles de ojos de la noche y cobijarse bajo su manto protector y volver a casa y tomar leche con miel y dormir en sus camas seguros de que es de noche en su ciudad y la noche los guarda.

La primera


Ésta es la primera entrada de mi blog.

El nombre de este blog es: there is time to kill today. Esta frase es de una canción de la banda británica Pink Floyd. Time, que es como se llama la canción, después de una introducción de 50 segundos con la "armonía" de cientos de despertadores sonando al unísono, reza: you are young and life is long and there is time to kill today...

Muchas veces tratamos el tiempo como si fuese eterno: la vida es larga, hay mucho tiempo para hacer cosas, es lógico entonces dejar los planes para mañana y hoy echarme una siesta. Esta actitud la llevo perpetuando desde hace un tiempo... podría trabajar, salir a la calle y descubrir las cartas que me depara el destino pero me conformo con la seguridad de la rutina. Es mucho más cómodo adoptar la actitud que describe Cortázar en el ladrillo de cristal y abajar la cabeza ante la vida, asumir nuestra condición de condenados, cual toro ante el espadachín con traje de luces, y dejarnos llevar por la vida: "But He, that hath the steerage of my course, Direct my sail!" grita Romeo antes de ir a la fiesta en que conocerá a Julieta, y se deja llevar a una muerte anunciada por un sueño.

A menudo somos cobardes con nuestra vida, no queremos jugar por miedo a perder: no dejamos nuestro trabajo porque es estable y nos asegura una vida tranquila en nuestra pequeña pecera de mediocridad y monotonía, no hacemos ese viaje, no nos apuntamos a esa actividad, no nos lo jugamos todo a la ruleta... es muy fácil citar a Rudyard Kippling: Si lo arriesgas todo a un golpe del azar queda culto, bonito... pero no nos lo creemos, somos demasiado cobardes y sólo a veces bajo efectos de la locura pasajera, la adrenalina, la alegria, el amor y otras cosas, tomamos riesgos, perdemos o ganamos y cambiamos a mejor o a peor, y tenemos historias que contar de cuando subí esa montaña, acepté ese reto o me encontré con un tiburón. Nuestra alma intenta salir de la rutina, agarrar la vida y no dejarla escapar, aprovechar el tiempo efímero, y nos grita: corre, quizás aún queda una bonita carrera por delante.


PD: Escribir esto no es un acto de valentía, de romper con todo, creo que en realidad me da tranquilidad para seguir con la cabeza gacha y dejarme llevar por la corriente, y ser cobarde un día más.