Hace tiempo que esta idea me da vueltas por la cabeza e intenta tomar el control de mi destino... Eventualmente, en momentos de debilidad moral lo consigue. En esos momentos una idea romántica florece en mi alma: la de romper con todo, echar el cierre y volar hacia el horizonte con el viento como único guía y las aves vagabundas como compañeras.
Entonces recuerdo la jaula, noto las cadenas en los tobillos, las esposas en las muñecas y el carcelero guardando la entrada que gritan: Recuerda tu familia, la necesitas; recuerda el amor, te clava al suelo; teme al futuro, es incierto; valora la amistad, es un tesoro; piensa en la fortuna y sus caprichos. Piénsalo, nota que la jaula crece, se embellece y se vuelve agradable, acojedora, tuya...
Y así noto ese plomo, esa bala del 36 atada a mis piernas, esa aguja en la nariz, el frío aliento del mar que se desliza dentro de mi cuerpo. Y esa bonita tumba lapislázuli se abre ante mis ojos, para siempre... Como un árbol clavado en la ladera del precipicio de la vida, liberando hojas de vez en cuando para poder seguir soñando que la libertad existe, que el sueño es posible y que la vida aún no se escribe, ésto es el preámbulo.
Estas pesadas cadenas estan en mí, yo me las he puesto, yo las llevo con orgullo y busco nuevas ataduras para mi colección. Temo perderlas pues son parte de mí, ellas son mi esencia, mi seguro de vida, mi excusa para no mirar la vida a la cara.
Tengo miedo a despojarme de ellas, a quedarme desnudo, desprotegido, a salir a la calle sin mi armadura, solos yo y la vida, ya sin ningún espejismo, ninguna ilusión.
El deseo de libertad es fuerte, se adueña de mi: ¡Corre! ¡Salta! ¡Rompe las ataduras! Mira al destino a los ojos, juega y pierde, lleva la cabeza alta ante la derrota pues has sido valiente para afrontar el combate solo tú, tu alma y tu fortuna.
Mi locura, al igual que la de la mayoría, suele ser pasajera: me calmo y pienso, recapacito y me enmiendo. La mayor parte del tiempo no soy yo, soy mis cadenas; hierro, acero, plomo, carne y hueso, un sucedáneo de alma, un sueño de vida, una ilusión de felicidad... Pero alma, vida y felicidad en definitiva. Mi jaula es bonita y yo tengo miedo a volar.